Los Psicodélicos y la Psicoterapia

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Los Psicodélicos y la Psicoterapia

Sus prohibiciones revocadas, desmistificados y ensayados clínicamente, la historia de los psicodélicos trata cada vez menos de contracultura y cada vez más de profundos avances médicos. Es probable que lo que una vez fue ilegal sea prescrito como medicina revolucionaria en un futuro próximo.

El psicodélico es una categoría amplia de compuestos que afectan principalmente al cerebro humano. La palabra psicodelia viene importada del inglés „psychedelia“, a su vez compuesta por las raíces griegas „psyche“ (de mente o alma) y „delos“ (de manisfestar) -compuestos que manifiestan la psique.

La actitud contemporánea de rechazo hacia las „drogas“ es en realidad una irreguralidad histórica; las prohibiciones no comenzaron a ser agresivas hasta la época de la guerra fría y sólo como resultado del conflicto generacional entonces en juego. Estas prohibiciones no son más que ingeniería social manifiesta en su forma más fea.

Antes de su inclusión en la Schedule One, los psicodélicos se utilizaban a lo largo del mundo de manera natural. Una serie de hallazgos arqueológicos sugiere que existe de una relación evolutiva entre la mente humana y las sustancias psicoactivas.

Los Misterios de Eléusis de la Grecia Antigua incorporaban en sus ritos centeno parasitado por un cornezuelo psicoactivo precursor del LSD, adelantándose a Timothy Leary en más de 3.000 años. Se han hallado cachimbas doradas para cannabis en las tumbas de la realeza de las estepas rusas. Las setas alucinógenas forman parte de la iconografía cristiana. La historia europea reciente cuenta con el denominado The Great Binge 1870-1914, el gran atracón de gran parte de Europa y del resto del mundo: morfina, absenta, cocaína, opio, heroína, setas alucinógenas, yohimbina, y cornucopia, todas fácilmente obtenibles, sin estigma social.

Sin ninguna duda la historia nos sugiere que los humanos necesitamos alterar la mente. La explosión en el uso del LSD escapado de Berkeley circa. 1962, el MDMA alimentando el pulso de las primeras raves en Manchester, el ascenso del cultivo en casa de marihuana, de setas alucinógenas, de cáctus de san pedro y de varios otros enteógenos, headshops brotando por todos lados con cientos de posibilidades para colocarse; no son más que manifestaciones de esa incontrovertible realidad.

Estas sustancias deben ser sagradas por alguna razón. No estarían tan arraigadas en tantas culturas si no tuvieran un valor muy profundo. Hoy en día los ensayos clínicos nos revelan lo que los antiguos ya sabían de sobra; colocarse puede ser muy beneficioso.

LSD

El LSD lo sintetizó por primera vez el venerado Albert Hofmann accidentalmente en 1938 mientras, como empleado de la farmacéutica Sandoz, investigaba con el fin de hallar un estimulante pulmonar. La anécdota es hoy leyenda y se celebra públicamente en el Día Mundial de la Bicicleta. La frustración de Hofmann ante la prohibición del LSD, al que se referiría como „medicina del alma“, era evidente. Pensaba que muchos sufrían innecesariamente de traumas mentales que podrían ser tratados fácilmente con el compuesto. 

Antes de su prohibición, el LSD y otros psicodélicos como la psilocibina se consideraron medios sin rival para la investigación de la mente humana. Durante „la edad de oro“ de la psicoterapia, fueron miles los ensayos que se escribieron acerca de los efectos de los psicodélicos sobre más de 40.000 pacientes. En ensayos clínicos entre 1950 y 1965 se demostró la efectividad del LSD en el tratamiento de depresión, de adicciones, de ansiedad, de neurosis de guerra (conocido hoy día como TEPT), y de traumas físicos y emocionales.

El papel que el psicodélico puede llegar jugar dentro la psicoterapia es un tema que se vuelve a discutor hoy abiertamente. Un reciente ensayo clínico, con puntera tecnología de escaneado cerebral a su disposición, comprueba que el LSD es un medicamento potente. Dicha tecnología permite observar las maneras en las que un viaje de LSD afecta el funcionamiento cerebral, mostrando cambios de actividad en áreas cerebrales asociadas con la depresión y la ansiedad. El Prof. David Nutt declara, „estas drogas ofrecen la mayor oportunidad que tenemos en la ciencia de la salud mental. Hay poco más en el horizonte“.

No es únicamente en las clínicas que el LSD resurge. Atletas profesionales de deportes extremos toman microdosis de LSD para temperar la ansiedad y fomentar los reflejos y la agudeza visual. Los impresarios del Silicon Valley toman microdosis para despertar la creatividad, colocándose en busca de la nueva gran cosa. El mismo Dr. Hofmann tomaba microdosis hasta bien entrado en la vejez y estaba convencido de que el LSD, utilizado con responsabilidad, podía ser una poderosa herramienta de cambio social.

PSILOCIBINA

La psilocibina es el componente activo de los cientos de especies de setas alucinógenas que se han identificado, setas que se han utilizado en rituales shamánicos a lo largo de milenios y culturas alrededor del mundo. Nuestro amigo Albert Hofmann, famoso por el LSD, fue también el primero en sintetizar y bautizar la psilocina y la psilocibina.

El „Harvard Psilocybin Project“ lo fundaron Timothy Leary y Richard Alpert en 1960 para estudiar los efectos de la psilocibina. El proyecto es, en un comienzo, un esfuerzo académico serio y aplicado que persigue crear conciencia sobre los enteógenos. Dos años después, sin embargo, en 1962, a Alpert y Leary los despiden de la universidad por fomentar y distribuir, quizá demasiado entusiastas, psicodélicos entre los estudiantes. Se corre la voz y jóvenes a lo largo de todo el mundo comienzan a sentir la misma curiosidad. Nace una nueva contracultura.

Hace falta esperar cincuenta años para que la psilocibina vuelva a ser objeto de ensayos clínicos, con resultados sin embargo prometedores. Un área de particular utilidad parece ser la de pacientes terminales con estrés psicológico agudo, depresivos y ansiosos. Los medicamentos que se prescriben tradicionalmente para estos casos, como el Prozac y el Zoloft, han de suministrarse a diario y conllevan efectos secundarios indeseables. Por otro lado una dosis única de psilocibina, suministrada en un entorno clínico, erradica disfunciones asociadas con el enfrentamiento a la muerte. Cada paciente da parte de una considerable y sostenida mejora en su estado de ánimo. 

MDMA

Un segundo verano del amor en el '89 descubre aquellos „24-hour-party-people“ mancunianos burlando a la policía para organizar enormes raves. Algún agricultor se despertaría a las tantas de la mañana para encontrarse con una especie de nave espacial bombeando música electrónica para masas de jóvenes de pupilas dilatadas bailando como si no hubiese mañana y gritándole mensajes de amor. Para cuando The Shamen nos decían descaradamente desde los top ten "E's are good, he's Ebeneezer Goode", el lado oscuro de Molly y sus suicidios a mitad de semana habían asustado a naciones enteras. El éxtasis, las pastis, el cristal o las anfetas fueron todas firmemente sentenciadas a la Schedule One. Y sin embargo, dentro de ese caos neurotóxico, existe un lado esperanzador.

El MDMA fue sintetizado por primera vez por la farmacéutica Merck en 1912. Buscaban un vaso-constrictor y el MDMA no les resultó demasiado útil. No vuelve a aparecer hasta los años cincuenta cuando la sustancia se utiliza en experimentos militares secretos como herramienta para operaciones de lavado de cerebro. Es brevemente conocida como la „droga del amor“ por la contracultura hippie de los años sesenta y su historia permanece prácticamente en la oscuridad hasta que Alexander Schulgin experimenta con ella en 1976. Después de una dosis de 120mg, escribe:

„Me siento absolutamente puro por dentro y no hay nada más que euforia. Nunca me he sentido tan bien ni hubiese creído que fuera posible. La pureza, la claridad y una maravillosa sensación de fortaleza interior se prolongaron a lo largo del día y de la tarde. Me siento abrumado por la profundidad de la experiencia.“

Las prohibiciones que limitan las posibilidades de experimentar clínicamente con el MDMA han ido cediendo paulatinamente. Un estudio del 2008 revela que tras un número reducido de sesiones con MDMA, el 83% de los pacientes deja de cumplir los criterios de clasificación del TEPT crónico. Al contrario de lo que ocurre con otros medicamentos, algunos de los cuales se han de suministrar diariamente, a veces de por vida, la terapia con MDMA requiere de un corto plazo y sus resultados se consideran permanentes.

CANNABINOIDES

El cannabis ha convivido con el hombre a lo largo de varios milenios. La raíces de las palabras que se refieren a la marihuana están sumergidas en lo profundo de la etimología de muchos idiomas. Fuera para uso textil, medicinal o como pasto, el cannabis se hizo indispensable en muchas culturas. Uno no podía considerarse un verdadero hippie si no fumaba marihuana como tampoco un verdadero explorador de las Américas si no izaba velas de cáñamo.

Aunque sea más suave que otros psicodélicos, el cannabis también genera estados mentales desde los que uno tiende a rebelarse contra el status quo. Fue blanco de la hilera de prohibiciones de mediados del siglo veinte no por un supuesto peligro para la salud, sino por lo que representaba culturalmente, y el hecho de que la planta amenazase las oligarquías industriales del plástico, del papel, del petróleo y de las farmacéuticas acabó de cementar su ilegalización.

Con su prohibición revocada en multitud de países, el cannabis vuelve a los estudios. Varias de sus extracciones, no todas ellas psicoactivas, encuentran utilidad farmacéutica o medicinal. El THC es el principal cannabinoide psicoactivo en el cannabis pero una serie de otros cannabinoides, como el CBD, median en su psicoactividad y cada uno de ellos es también objeto de investigación. Su efectividad en el tratamiento de ansiedades, depresión, de trastornos alimenticios y del sueño ha vuelto a ser comprobada. A medida que crezcan el conocimiento y la investigación, ciertas cepas y métodos de consumo se prescribirán con la misma naturalidad con la que se prescriben otros medicamentos menos eficientes hoy.